Hnas. Pobres Bonaerenses de San José

Madre Camila y su experiencia vocacional.

Cada santo es una misión: es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia un aspecto del Evangelio. Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde El. El designio del Padre es Cristo y nosotros en El. Así, casa santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Cristo y regala su pueblo.
(Gaudete et Exsultate 19.20.)

En Madre Camila, nuestra Fundadora, el primer objetivo de la acción de Dios sobre ella, es justamente esta Configuración con Cristo. Y el Espíritu Santo la configuró con Cristo en su misterio de Pobreza y Abandono filial.

Hnas. Pobres Bonaerenses de San José

Cristo en su misterio de Pobreza

El Espíritu Santo suscitó en Camila una experiencia honda y contemplativa de Cristo en su misterio de pobreza y anonadamiento, con una particular acentuación en su abandono filial al Padre. Así descubrió los «anchurosos senos de la Providencia», imagen con la que expresaba la ternura y misericordia del Padre, donde ella se sentía cobijada amorosamente.

Su particular configuración con Cristo Pobre la llevó a:

— Una ilimitada confianza en la Providencia, no a pesar sino a causa de su miseria.

— Una actitud de permanente alabanza, gratitud y gozo por la grandeza infinita de Dios, el Todo, inclinado amorosamente hacia ella, la nada.

— Un celo ardiente e intrépido por la gloria de Dios y la extensión del Reino, con absoluta gratuidad.

— Una contemplación de Cristo en su misterio de encarnación, vida oculta, cruz y Eucaristía, para imitar su anonadamiento y humildad, su obediencia y abandono en disponibilidad y entrega total. (Const. I, 2)

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Aquí encontró la clave de su vida, encontró su “tesoro”: Transformarse en Cristo Pobre. Dirá: “soy pobre en Cristo, con Cristo y por Cristo».

Vivir la pobreza es para ella, emprender un camino en el que no basta ser pobres materialmente, sino que, teniendo como modelo a San José, hay que seguir ciegamente a Cristo en su vida de Pobreza: “pobres, deseando hacerse verdaderas pobres para imitar al humilde carpintero y seguir ciegamente la pobreza evangélica de nuestro Divino Redentor”. (C. 7/10/1907)

Cristo es el Hijo cuya única preocupación es hacer la Voluntad del Padre, ocuparse de «sus cosas». Fascinada por este Cristo, Camila vive fuertemente la dimensión de pobreza como filiación. Como Jesús, que siendo Hijo se hizo Siervo por Amor, sentirse hija la lleva a reconocer a Dios como Dueño absoluto de todo, el único digno de ser amado por sobre todas las cosas. El Padre “sabe”, la conoce y la ama infinitamente. En “los anchurosos senos de la Providencia” descubre y goza su ternura y su misericordia.

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Descubre en la persona de Cristo el rostro del Padre que se le manifiesta como Amor que se nos entrega totalmente. La infinita riqueza Trinitaria le revela como extrema Pobreza. Su respuesta es la vida entera, entregada en donación total y con la mirada puesta en Cristo escondido en las almas. La Confianza y Abandono de Jesús en la Providencia del Padre, la hace vivir abrazada al santo árbol de la Cruz, para morir como Él, en la más absoluta pobreza espiritual y efectiva. Vive con intensidad la filiación y la fraternidad; que traducido en su vida, es Abandono filial y Caridad desinteresada.

Su legado: la Pobreza Evangélica.

En el último párrafo de su Testamento Espiritual, Nuestra Venerable Madre declara con sencillez que
vivió fielmente, ayudada por la gracia divina, su compromiso de pobreza y ratifica su deseo de llevarlo hasta la consumación.

La desnudez de la Cruz se le presentó como libertad total: Sólo Dios Basta. Toda su vida se redimensiona en esas tres palabras. Y quiso morir clavada en la Cruz como Jesús, en la más absoluta pobreza espiritual y efectiva. Es así, que a través de su vida modelada por las Manos del Padre, nos entrega a nosotras Josefinas, su legado: Nuestro Carisma.

Hnas. Pobres Bonaerenses de San José

“Habiendo vivido en las llagas amorosas de Jesús Crucificado y por su gracia abandonada enteramente a la voluntad de Dios y abrazada al Santo árbol de la Cruz, quiero también morir clavada en Él, libre de todo apego, para poder decir con verdad Sólo Dios basta, y para poder legar a la comunidad de las Hermanas de San José, juntamente con la Fe, la Esperanza y la Caridad, el precioso tesoro de la Santa Pobreza Evangélica.”

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