¡140 Años de vida!

Nos estamos preparando para celebrar los 140 años de vida de nuestro querido Instituto Hermanas Pobres Bonaerenses de San José.

Nuestra Madre Camila, inicia su Obra en la ciudad de Mercedes. Y es allí donde será la primera Celebración del Aniversario. Invitamos a todos a participar el día 28 de enero, a las 20 hs., que se celebrará la Santa Misa en Iglesia San Patricio. A las 20.45 hs. tendrá lugar un Concierto Coral y a continuación invitamos a compartir un ágape en el Salón Parroquial.

Para ir preparando el corazón a esta fiesta, les compartimos las crónicas de ese tiempo, enero de 1880 en Mercedes y como Madre Camila recuerda esos días:
“El día 28 de enero del año 1880, salí de la casa de mis padres, acompañada de dos señoras ya mayores de edad, que decían se harían Hermanas y con dos muchachas y once niñas, que componíamos el número de dieciséis. Sin más dinero que $ 500 moneda corriente y sin otro caudal que el de la Divina Providencia, llegamos a la ciudad de Mercedes, donde ya se había dispuesto que daríamos principio.

“Habíamos tomado alquilada una casa para el efecto. Así, pues, todas tres y las criaturas preparamos lo poco que llevábamos, pero, en esto no pensábamos sino en que ya principiábamos lo que tanto habíamos deseado. Ya éramos – decíamos – Hermanas de San José, y todo lo esperábamos del Señor.

“Ya todo lo pusimos en orden, como para poder guardar y practicar lo que la Regla manda. Al mes entró otra para hacerse Hermana y (por haberse retirado una de las dos señoras) ya éramos tres, tan contentas que nos parecía ser comunidad. El 4 de febrero del mismo año, abrimos la clase. Al mes ya teníamos treinta pupilas y algunas externas…”.

La llegada de esas señoritas no sólo creó curiosidad, sino que también sacudió a la población, porque las veía pasar de puerta en puerta pidiendo limosna para las niñas. Las pobres madres en dificultades, al saber que Camila recibía a niñas pupilas para educarlas, no se lo hicieron repetir dos veces, sino que tomaron de la mano a sus pequeños y los llevaron corriendo al Asilo. Al mes, el número de asiladas se elevaba a treinta.

¿Y de qué vivían? Vivían de limosnas, recogidas de puerta en puerta. Gracias a Dios, la gente de Mercedes era comprensiva y generosa.

Todas oraban al celestial Patrono San José, para que les proporcionara los medios de subsistencia. Camila, alzaba manos, ojos y corazón con toda confianza y esperanza al celestial Patrono: «En el pueblo nos miraban con respeto y nos daban sus limosnitas. El primer mes, con las limosnas recogidas, pagamos todo el gasto; y así fue continuando teniendo que suplicar al Señor constantemente y al Señor San José, nuestro Santísimo Padre, para que no nos dejara de su mano, porque mucho lo temía de mi ruindad. Y a la manera que se iba formalizando, conocía más mi miseria y mi insuficiencia; pero entonces esperaba en el Señor y siempre decía: “¡Dios nuestro Señor lo hará!”