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Despedida al Papa Francisco y comienzo del cónclave

Algunas de nuestras Hermanas pudieron despedirse del Santo Padre fallecido el Lunes 22 de abril, un día después del Domingo de Resurrección. También participaron de la misa de exequias.

Para conmemorar a nuestro queridísimo Papa Francisco, queríamos compartirles varias palabras suyas, que son testimonio de que compartía nuestro carisma josefino, sabiéndose un hijo amado con plena confianza y abandono en la paternidad de Dios Padre.

A continuación, fragmentos de las audiencias generales de los miércoles del año 2020 y homilías del mismo año:

El amor del Padre «que está en los Cielos». Nadie debe dudar que es destinatario de este amor. Nos ama. «Me ama». Si incluso nuestro padre y nuestra madre no nos hubieran amado, hay un Dios en el cielo que nos ama como nadie en la tierra nunca lo ha hecho ni lo podrá hacer.

El amor de Dios es constante: El profeta Isaías dice: «¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esas llegasen a olvidar yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada «(49: 15-16). Hoy están de moda los tatuajes: «En las palmas de mis manos te tengo tatuada.  Me he hecho un tatuaje tuyo en las manos». Yo estoy en las manos de Dios.

El amor de Dios es como el amor de una madre que nunca se puede olvidar. ¿Y si una madre se olvidase? «Yo no me olvidaré», dice el Señor. Este es el amor perfecto de Dios, así nos ama.»

¡No tengáis miedo! Ninguno de nosotros está solo. Si, hasta por desgracia, tu padre terrenal se hubiera olvidado de ti y tú quizás sintieras rencor por él, no se te niega la experiencia fundamental de la fe cristiana: saber que eres un hijo amadísimo de Dios y que no hay nada en la vida que pueda extinguir su apasionado amor por ti.

Dios es Padre y te mira como el mejor de los papás: no ve los resultados que aún no has alcanzado, sino los frutos que puedes dar; no lleva la cuenta de tus faltas, sino que realza tus posibilidades; no se detiene en tu pasado, sino que apuesta con confianza por tu futuro.

«Dios es tu papá, no es el juez, es tu papá: te dice: “Vuelve a casa, escucha, ven”. Vuelve con tu Papá, vuelve con tu Padre. Él te espera. Es la ternura de Dios la que nos habla. Es el tiempo de entrar en nosotros mismos y recordar al Padre, volver con el Papá.

“¿Qué dice el Señor? “Vuelve, yo te curaré de tu infidelidad, te amaré profundamente, porque mi ira se ha alejado. Seré como el rocío; tú florecerás como un lirio y echarás raíces como un árbol del Líbano” (cf. Os 14,5-6). Vuelve con tu padre que te está esperando. El Dios de la ternura nos curará; nos curará de muchas heridas de la vida y de muchas cosas feas que hemos hecho.

Como Padre, cuida de los que más lo necesitan: los pobres, los marginados, los que sufren, los olvidados. Pero nadie está excluido de su corazón, ya que, ante Él, todos somos pobres y necesitados. Todos somos mendigos, porque sin Dios no seríamos nada. Tampoco tendríamos vida si Dios no nos la hubiera dado.

Habla con Dios, es tu Padre, y dile la verdad: “Señor, he hecho esto, esto, esto… Perdóname”, y pídele perdón de todo corazón y prométele: “Me confesaré después, pero perdóname ahora”. E inmediatamente volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a la mano. Piensa en ello: ¡es el momento! Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un Acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve.

Dios es: Abba! ¡Padre! Estas expresiones evocan afecto, calidez, algo que nos proyecta a la etapa de la infancia: la imagen de un niño completamente envuelto en el abrazo de un padre que siente una ternura infinita por él”

Dios te busca, aunque si tú no lo buscas. Dios te ama, aunque lo hayas olvidado. Dios ve una belleza en ti, incluso si piensas que has desperdiciado todos tus talentos innecesariamente.

Dios no sólo es Padre, sino, es como una madre que nunca deja de amar a su criatura. “Puede ser que nosotros también caminemos por senderos alejados de Dios, como le sucedió al hijo pródigo; o caigamos en una soledad que nos hace sentir abandonados en el mundo. En estos tiempos difíciles, todavía podemos encontrar la fuerza para orar, empezando por la palabra ‘Padre’. Diga Padre y Él responderá. No nos ocultará su rostro, no se cerrará en silencio: nos dirá que nunca nos ha perdido de vista”.

“Los animo a dirigirse a Dios como un Padre que nos ama y que sale a nuestro encuentro. No se cansen de llamarlo; porque él como Padre bueno viene a sanar nuestras heridas y a restablecer la alegría de ser sus hijos”

La predicación de Jesús estuvo influida por la figura de su padre en la tierra. Cuando «Jesús dice que Dios es Padre no puede dejarnos indiferentes esta afirmación, especialmente si pensamos en la que ha sido su personal experiencia humana de paternidad». «Jesús encuentra en el amor y la paternidad de san Jose, la referencia más hermosa para dar a Dios».”

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